Si llegaste hasta aquí, probablemente sientes...
Estás agotada aunque descanses
Tu cuerpo duerme, pero tu alma no
Hay un cansancio que no se quita con horas de sueño, porque no nace del cuerpo, sino de todo lo que sigues cargando en silencio y aunque nadie lo note, tú sabes que ya no puedes seguir igual.
Guardas heridas que aún duelen y no sabes cómo soltar
Te hiciste fuerte a la fuerza.
Aprendiste a seguir con el corazón lleno de grietas, a sonreír sin que se note que todavía sangra lo que callaste, no es que no quieras sanar, es que no sabes cómo hacerlo sin romperte otra vez.
Tu mente no para: pensamientos, ansiedad, desconexión
Tu cabeza no descansa.
Saltas de una idea a otra, intentando entenderlo todo mientras te alejas de ti misma.
La calma parece un lujo que ya no recuerdas cómo sentir.
Has olvidado cómo se siente estar en calma contigo misma
Ya no recuerdas la última vez que respiraste sin prisa, que comiste sin culpa, que te miraste sin exigencia tu cuerpo sigue, pero tu presencia se quedó atrás, esperando a que regreses a habitarte.
Sientes que das mucho, pero casi nunca te queda energía para ti.
Eres el refugio de todos, menos el tuyo das, sostienes, cuidas y cuando por fin te buscas, ya no te encuentras, no es egoísmo lo que te falta es permiso para elegirte sin sentir culpa.
Estás en un proceso de cambio, pero no sabes por dónde empezar a sanar
Sientes que algo dentro de ti pide un renacer, ya no te cabe la vida que antes llevabas, pero todavía no sabes quién ser después del dolor.
Estás justo en el umbral y eso también es parte del florecer.
“No estás rota, solo olvidaste cómo regresar a ti.”